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Los hábitos de vida son fundamentales a la hora de desarrollar el cáncer. Un alto porcentaje de los cánceres se deben a la acción de agentes externos que actúan sobre el organismo, causando alteraciones en las células. Por el hecho de ser externos, son modificables. La persona puede modificar sus hábitos, de forma que impide que el organismo entre en contacto con estos agentes.
De un porcentaje mínimo, no se conocen con exactitud los mecanismos por los que se produce y desarrolla el cáncer. Es decir cuando y porque se produce la mutación. Se piensa que puede ser debido a mutaciones espontáneas de los genes o por la acción de algún factor externo que aún no se ha identificado.
A los agentes externos se les denomina factores de riesgo o agentes carcinógenos. Son las sustancias, que en contacto con un organismo son capaces de generar en él enfermedades cancerosas. Su naturaleza es variada, habiéndose encontrado factores físicos, químicos y biológicos.
Para que el cáncer se origine debe producirse de cuatro a seis mutaciones o alteraciones genéticas celulares, por lo que todo apunta a que los factores de riesgo deben estar en contacto con el organismo durante un considerable periodo de tiempo.
En algunos casos, las personas presentan una predisposición genética al desarrollo de ciertos cánceres. Esto ocurre porque se heredan genes ya alterados. El resultado es que en estas personas la probabilidad de padecer cáncer aumenta y el tiempo necesario para su aparición es menor que cuando no existe esta predisposición (Por ejemplo el cáncer de mama). La mayoría de los carcinógenos químicos están relacionados con actividades industriales. De los 7 millones de compuestos químicos conocidos, en unos 2000 se ha descrito algún tipo de actividad carcinogénica y muy pocos están en contacto directa o indirectamente con el ser humano.
Entre los agentes físicos destacan las radiaciones ionizantes (Rayos X), las radiaciones no ionizantes (rayos ultravioleta del sol), y las radiaciones que emite la propia corteza terrestre (radón).